derf.com.ar    Lecturas hoy: 122611

POLíTICA Y ACTUALIDAD (ER)


"El ajedrez es encantador y fascinante, pero no se conocen sus bondades"



Fecha: 12/02/2018   08:23

Aproximación a una disciplina que favorece la salud, potencia la memoria y desarrolla destrezas para la vida diaria





Se reconoce un jugador que siempre fue "del montón", lo cual no lo desalienta para que desde hace décadas mantenga el mismo entusiasmo como aquel que se encendió cuando unos pequeños vecinos le enseñaron los rudimentos del juego ciencia, a los 9 años.
Ariel Vittor repasa nombres, épocas y particularidades de un deporte cuyos beneficios son dignos de tenerse en cuenta al momento del diseño de algunas políticas educativas.

Dos amigos y un juego
—¿Dónde nació? —En Paraná, en calle Uruguay y Salta. Después nos pasamos a mitad de cuadra, a calle Tala.
—¿Hasta cuándo vivió allí? —Hasta 1970, cuando me casé y nos fuimos a calle Alem, luego Urquiza y finalmente acá (Maestro Alberdino).
—¿Cómo era la fisonomía del lugar en su infancia? —Muy linda; ahora está cambiado. Eran casas de antes, altas, y en la entrada tenían mármol. El vecindario era macanudo. Cerca estaba la plaza Alberdi y estábamos a pocas cuadras del centro.
—¿Había un límite que no podía trasponer? —No, era un lugar macanudo.
—¿A qué jugaba? —A la pelota y al básquet –en el Club Olimpia–, con los pibes del barrio y con mis primos. La pasábamos bien.
—¿Desarrolló alguna afición durante bastante tiempo? —No... ¡El ajedrez, por supuesto!
—¿Qué actividad laboral desarrollaban sus padres? —Mi mamá era ama de casa –falleció a los 49 años–, mi papá estaba en el campo y me crié con mis tíos.
—¿Qué materias de la Secundaria le gustaban? —Ninguna.
—¿Le gustaba leer? —No.
—¿Cómo comenzó con el ajedrez? —Al lado de la casa de calle Uruguay vino a vivir un médico –Domingo Giordano, del Ejército–, quien tenía tres hijos –dos varones y una mujer. Nos hicimos amigos y me enseñaron el juego, cuando yo tenía 9 años. El círculo, cerca

—¿Hasta ese momento sabía algo sobre el juego? —No, fue un descubrimiento. En casa jugábamos a la lotería, al chinchón, siete y medio, y dados, pero no me llamaban la atención. El ajedrez me atrapó y me gustó enseguida. Pasaron unos años y supe que el Círculo de Ajedrez estaba en calle San Juan 95. Al lado estaba la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos. Era una casa larga, con mesas especiales para jugar, y estaba a cargo de Pedrito Demonte –el de la librería, un jugador de primera– y su hijo, Nanchi –quien murió joven. Intenté ir a ver qué pasaba ahí, quiénes y cómo jugaban, y lo ayudaba a limpiar el piso.
—¿Enseguida aprendió lo que le enseñaron sus amigos? —Lo elemental sí, porque me gustaba –como cualquier cosa.Aprendí a mover las piezas y descubrir los secretos del juego. Luego comencé a espiar en el Círculo de Ajedrez e iba seguido, porque me quedaba cerca.

—¿Por qué le impactó? —Era algo encantador, maravilloso y fascinante, y el que lo conoce lo puede decir.
—¿Lo dejaron ingresar al círculo siendo niño? —Sí. Entré y me hice amigo de todos.
—¿Con qué regularidad asistía? —A cada rato. Cuando desaparecía de casa, me iban a buscar ahí. En los años 50 alcancé a ver un torneo de los barrios, del cual participaron muchos pibes. Comenzaron regularmente los torneos abiertos de 4ª, 3ª, 2ª y 1ª categoría, y comencé a jugar. En 1955 fuimos a jugar a Victoria y con la Asociación Israelita de Paraná empatamos.

—¿Tuvo un maestro o instructor luego de lo que le enseñaron sus vecinos? —Los jugadores me enseñaban con más profundidad y fui agarrando viaje, pero no hubo alguien que fue especial. En aquel tiempo jugaban en 2ª división Raúl Acevedo, Isaac Rendos –peluquero–, Roble Martínez –tornero–, Carmelo Castillo –dueño de La Bianca–, José Carlos Scetta –quien tenía una buena defensa y no le interesaba atacar, con lo cual perdía la mayoría de las partidas. En 1ª jugaban Hernán Demonte, Darío Rossi –cuyo hijo también jugaba–, el doctor Rivas, el doctor Saín, el doctor Eduardo Barbagelata, el profesor Demonte Vitali, el profesor de Matemáticas Diego Mackinnon, el doctor Belisario Ruiz Garasino, Mario René Godoy –correntino–, Mario Valentinuz y Alberto Servat –cuyo hijo incursionó entre los mejores del país y suele venir. También nos visitó hace unos años el quíntuple campeón nacional, Pablo Ricardi, con quien jugamos simultáneas en la plaza y otro torneo.
—¿Observaba particularmente a alguno de estos jugadores? —El profesor Diego Mackinnon tenía un juego muy vistoso y positivo, al igual que Demonte Vitali y Barbagelata. Eran jugadores fuertes.
—¿Algún libro le resultó útil? —Sí, aunque uno elige su manera de jugar. Algunos jugadores son estudiosos, yo no, soy más intuitivo.

Gurises y barrios
—¿Además del círculo había otros centros en los cuales se congregaban jugadores? —Se jugaba –aunque nunca entré– en un club que se llamaba Mate Pastor –en calle Santa Fe, frente a la plaza de Casa de Gobierno.
—¿Puede explicar esa instancia del juego? —El mate pastor es una instancia que sucede con jugadores principiantes, cuando el adversario hace una jugada primaria y con cuatro o cinco jugadas le gana.
—¿Qué cantidad de jugadores participan de los torneos de los barrios? —Eran solamente gurises, entre 30 y 35, y se jugaba por doble eliminación.
—¿El círculo siempre estuvo en la misma sede? —No sé qué pasó y en 1965 nos fuimos de ahí, anduvimos jugando por muchos clubes, hasta que (Ángel) Tepsich nos ofreció un muy lindo salón en la Biblioteca Popular.
—¿Se enseñaba o quienes se acercaban aprendían como en su caso? —Que yo sepa –porque dejé de ir durante varios años– nunca se enseñó.
—¿Cuándo se consideró un jugador más o menos regular y formado? —Siempre fui un jugador del montón y no me destaqué nunca, pero me apasiona.
—¿Cuánto tiempo le dedicaba? —En aquellos tiempos eran partidas largas –que podían demorar tres horas. Se jugaba martes y viernes, y un torneo podía demorar tres meses. Incluso había partidas que se suspendían porque un jugador se cansaba o tenía otra actividad, se copiaba la partida, se firmaba y continuaba otro día.

Los frasquitos de la farmacia
—¿A qué se dedicó cuando terminó la Secundaria? —Me fui a practicar al laboratorio de la farmacia del hospital San Martín –donde estaba de director Bautista Arezzo, un capitán del Ejército. Comencé en 1961 y en 1962 hubo una vacante en la farmacia del hospital de Niños, y entré. En 1968 mi jefa me llevó a la farmacia Biancolini, la cual tenía un laboratorio muy importante y fue donde me metí bien en el oficio. En aquel tiempo eran bioquímicos-farmacéuticos y aprendí mucho.
—¿Le gustaba la Química? —No. Cuando era chico y me mandaban a comprar a la farmacia Del Indio, me llamaban la atención la cantidad de frasquitos chiquitos y grandes, y pensaba qué era lo que contenían. Cuando fui a la farmacia del hospital San Martín, descubrí lo que tenían. Me gustó. Cuando era chico me gustaba ser militar y también me gustaba la farmacia.
—¿Era la época de las recetas magistrales? —Claro. Debiera ser así, pero lamentablemente todo cambia. Se iba al médico por una dolencia, a través de preguntas iba haciendo un diagnóstico e indicando la cantidad de drogas que correspondía. Esa receta era exclusivamente para esa persona, no como ahora que un medicamento lo toma todo el mundo, sin tener en cuenta las particularidades del paciente. Al pie de la receta, el médico ponía H. s. a., "Hágase según arte". Uno iba a una farmacia y se la preparaban, pero no todas las farmacias lo hacían porque no tenían stock de drogas.
—¿Cuándo comenzó a cambiar esta modalidad? —Alcancé a trabajar mientras se trabajaba con recetas desarrolladas por bioquímicos, médicos de piel, odontólogos, oftalmólogos y médicos clínicos, hasta que en los 70 comenzó a desaparecer gradualmente. Ya casi no hay preparadores de farmacia y el trabajo que debieran hacer los farmacéuticos no lo quieren hacer –porque es engorroso pesar sustancias.
—¿Algún preparado especial? —Una vez –en 1968– me llegó una receta con sulfato de estricnina, porque en aquel tiempo se utilizaba para el corazón, en dosis muy pequeñas. Estaba temeroso porque hacía poco tiempo que había comenzado a trabajar, entonces la hablé a mi jefa del hospital de Niños. Me dijo que le pusiera lo mínimo, porque no se podía pesar. ¡No tuve noticias de que el tipo falleciera! (risas) Había recetas peligrosas.

—¿Todo lo que el médico recetaba se elaboraba de esta forma? —No, también existían los medicamentos elaborados, pero se trabajaba mucho con esta modalidad. En ese momento las farmacias que preparaban eran Braccio, La Moderna, Del Indio y nosotros. Había que tener alguien idóneo para eso porque los farmacéuticos no querían perder tiempo en eso.

—¿Era más costoso que el medicamento industrial? —Había que tener en cuenta que casi todas las otras farmacias no lo hacían, que había que pagarle a quienes trabajaban en el laboratorio y la cuestión de las drogas, que a veces se compraba un frasquito de 10 gramos para usar solo medio gramo –y después no lo usaba más o pasaba mucho tiempo. Entonces, recetas, por ejemplo de 10 pesos –incluyendo la ganancia–, las cobrábamos 24 pesos, para cubrirnos bien. Hoy, le dan un medicamento para el corazón, pero le hace mal al hígado, o toma algo para la gripe y le da colitis... En cambio con aquellas recetas esos efectos era más difícil que sucedieran porque el médico antes de recetar determinadas drogas, le había preguntado al paciente.

—¿Le gustaba ese trabajo? —Sí, me gustó mucho. En el hospital de Niños hacía otros preparados.
—¿Era una profesión bien pagada? —Sí, sí, porque la mayor parte de las farmacias no lo hacían y el médico le decía al paciente que vaya a determinada farmacia.

Un círculo nómade

—¿Mantuvo la afición por el ajedrez mientras trabajaba? —Por supuesto, aunque en un momento me fui del círculo por cuestiones personales y corté. Pero siempre pensando en volver y siguiendo en qué lugar estaba el círculo. Mucho tiempo anduvimos por la calle porque no teníamos lugar a dónde ir. Cuando nos fuimos de la Biblioteca Popular estuvimos en calle Pellegrini 356 –un espacio que nos dio la Municipalidad– pero la comisión directiva se durmió con la cuestión del contrato cuando estaba por vencer y nos tuvimos que ir.

—¿Cuál considera la época más importante? —En los años 90 –estando el círculo en calle Pellegrini– se hacían torneos abiertos en forma regular y fue una época interesante. En muchos casos los dos rivales analizaban la partida luego de jugar. Nos fuimos de allí y la Municipalidad nos dio una casa, derruida, en la zona del parque, y además nos robaron. Nos fuimos y pedimos prestado un espacio en los clubes Echagüe, Recreativo, Belgrano, Talleres, Hindú, Encuentro Entrerriano, en la Asociación Bancaria...
—¿Hacían trabajo de difusión en escuelas y clubes? —Nada. Los medios de comunicación nunca hacían nada y siempre deseaba que viniera algún diputado o senador que le gustara el ajedrez para que le diera un espaldarazo. A (Moisés) Jarupkin –de El Diario, que era un buen jugador– le llevábamos las partidas y tablas de posiciones, y las publicaba. He hablado con médicos en cuanto a que en las personas mayores previene la aterosclerosis, el Alzheimer y la depresión, porque las neuronas están en continuo movimiento. Es un ámbito donde no se toma alcohol, no se fuma ni hay peleas. Es un ambiente muy sano y a diferencia de otros juegos, no se tiene ayuda de nadie. Ahora le estoy enseñando a jugar a una señora y a un sacerdote, y me resulta problemático porque es desde cero y son personas mayores. Pero están entusiasmados. Debiera ser obligatoria la enseñanza en la Primaria.

—¿Puede ser que no se difunde porque tiene una imagen social de cuestión cerrada y compleja?

—No creo; lo que sucede es que no conocen las bondades el juego. Épocas con grandes nombres
—¿Le gustaba y seguía algún jugador del ámbito nacional e internacional?
—En la década de 1950 hubo un equipo argentino que fue gloria del ajedrez nacional, compuesto por Najdorf, Panno, Raúl Sanguinetti (de Paraná), Guimard, Rossetto y Pilnik, quienes en 1950 resultaron segundos en los Juegos Olímpicos, y en 1952 y 1954, también. Sanguinetti era entrerriano. Fue muy motivador porque uno se daba cuenta de lo alto que estaba el ajedrez nacional. Me gustaban Najdorf y Panno porque el primero era un jugador de poder en el medio juego y final, y Panno pensaba mucho las jugadas, las cuales eran muy acertadas. Sanguinetti también fue muy reconocido. En 1950 conocí a un maestro alemán muy bueno, Erik Eriskase, se habló en el círculo de darle un trabajo y que enseñara, pero no pasó nada.
—¿Cómo vivía la histórica rivalidad entre Kárpov y Kasparov? —Era interesantes, pese a que siempre me gustó Bobby Fischer –quien para mí fue el mejor.
—¿Por qué? —Porque era un juego demoledor. Desde niño tuvo pasión por jugar y ganaba todos los torneos. Me gustaban todas sus partidas y era como si dijéramos Cassius Clay, en boxeo. Murió a los 64 años, la cantidad de casilleros del tablero.

Cuestión de estilo

—¿Cómo es su estilo desde que se consideró un jugador más o menos bien formado? —Me gustaba comenzar la partida atacando, pero muchas veces perdía porque me apuraba mucho. En esas jugadas hay que plantearse cómo vamos a desarrollarlas para que den resultado.

—¿Se relaciona con la personalidad? —Sí, por la forma de ser y por cómo le gusta que sea el juego.
—¿No se modifica en función del adversario? —Sí y no. Si los jugadores se conocen, por ejemplo en cuanto a lo que juegan en apertura y medio juego, uno puede adecuarse. Cuando uno conoce al adversario, sabe cómo atacar.

—¿Qué cuestiones son claves, independientemente de cada forma de juego? —En primer lugar, tener en cuenta la propia forma de jugar y plantearla. Hay que tener en cuenta que está la apertura, el medio juego y la final (Ver nota aparte), más allá del estilo propio. Todas son importantes: si salimos mal, o colocamos mal las piezas en el medio juego, y ni hablar del final, que suelen ser sumamente difíciles.
—¿Se desarrolla más afinidad con determinadas piezas? —Cada pieza tiene un valor y es bueno hacerlas jugar bien a todas. Pero hay personas que tienen una forma de ataque en la cual utilizan determinadas piezas y otras no, al igual que en la apertura. Es un juego complejo y siempre se aprende. Todos decían que ganaba (Garri) Kaspárov pero cuando jugó contra la computadora, perdió.
—¿Recuerda una partida por algo en particular? —He ganado algunas partidas interesantes. Por ejemplo, estaban perdidas para mí, las saqué a flote y gané. Había un jugador –de apellido Vergara, buen tipo– que era carnicero y solía llevar una cuchilla de dimensiones no agradables. Entonces cuando había alguien que no lo conocía, a mitad de la partida la sacaba y la ponía sobre la mesa. En un final de juego, cada uno tenía un rey y una torre –lo cual es tablas–, pero los dos estaban empeñados Viene de página 11 en ganar, hasta que vino alguien de la comisión y les dijo. Vida, estudio y computadora
—¿Para qué le ha servido, además de para pasar buenos momentos? —Ayuda con los problemas que tenemos cotidianamente, porque las cosas se ven más nítidas y sabe cómo resolverlas. Es notable.
—¿En qué ha cambiado desde que usted comenzó a jugar? —En que muchos ajedrecistas han profundizado y estudiado el juego, pasan horas frente al tablero tratando de sacar nuevas jugadas más positivas.
—¿Cómo se lleva con la computadora, para jugar? —Bien, mi hijo me compró un juego muy lindo para la computadora, en el cual uno elige al adversario de acuerdo al puntaje que uno cree tener. Entonces se juega de igual a igual, y unas veces gana la computadora y otras veces yo, o hacemos tablas. Muchas veces me siento a jugar a las cinco de la tarde y termino a las diez de la noche. Hace poco jugué con un vecino seis partidas y salimos empatados.

Aprendizaje. "La edad ideal para iniciar es a los 8 o 9 años". Foto UNO Mateo Oviedo.
Aprendizaje. "La edad ideal para iniciar es a los 8 o 9 años". Foto UNO Mateo Oviedo.

El abc del juego ciencia
El ajedrez es un juego entre dos personas, de las cuales cada una dispone de 16 piezas móviles que se colocan sobre un tablero dividido en 64 casillas. En su versión de competición está considerado como un deporte. Aunque originalmente fue inventado como un juego para personas, a partir de la creación de computadoras y programas comerciales una partida puede ser jugada también por una persona contra un programa o por dos programas entre sí.

Al principio cada jugador tiene 16 piezas: un rey, una dama, dos alfiles, dos caballos, dos torres y ocho peones, con el objetivo de "derrocar" al rey del oponente. Es un juego racional, ya que cada jugador decidirá el movimiento de sus piezas en cada turno, y el desarrollo es tan complejo que ni siquiera los mejores jugadores –o las más potentes computadoras– pueden llegar a considerar todas las posibles combinaciones. En el juego se consideran habitualmente tres etapas: la apertura, que comprende las primeras jugadas, donde las piezas van saliendo de sus casillas iniciales; el medio juego, cuando los dos bandos aún tienen muchas piezas y peones, y estos entran en intenso conflicto; y el final, donde quedan pocas piezas y peones. Cada fase de la partida requiere del jugador planteamientos tácticos y estratégicos generalmente distintos

Perfil. Foto <b>UNO</b> Mateo Oviedo.&nbsp;
Perfil. Foto UNO Mateo Oviedo.
"Si un niño aprende y se entusiasma, al mes le gana a su maestro"

Vittor recomienda el aprendizaje del juego desde los 8 años y destaca como lugares para el inicio los cursos que se ofrecen en la Biblioteca Popular de Paraná y en el Centro Vasco Urrundik –sede del Círculo de Ajedrez.
—¿Cómo se entrena particularmente la atención y la concentración? —Hay que jugar, permanentemente jugar. Llegan momentos en que hay jugadas que hay que pensar muy profundamente, porque se puede perder.
—¿Cuáles son los factores más importantes a desarrollar? —Uno elige. Algunos estudian mucho, otros desarrollan partidas, hay quienes aprenden partidas de otros...
—¿Puede haber alguien que no tenga un planteo de juego bien estructurado y jugar bien? —Si le agarró la mano al juego, sí. Maradona no necesitaba ni entrenarse ni tener técnico. —Es un caso excepcional. —Sí; hay que tener una base mínima.

—¿En qué medida interviene el azar? —Sí, a veces juega, porque sale una jugada que no pensá- bamos y es una buena oportunidad. Una vez me sucedió que a una partida ya la daba por perdida, sin embargo me salió una jugada con la cual gané. Tenía un caballo que estaba lejos del núcleo del problema, comencé a traerlo, mi adversario se asustó por ese movimiento y le gané. Era un caballo que no le haría nada, pero se distrajo.

—¿Qué recomendación le daría a quien quiere iniciarse y aprender? —En la Biblioteca Popular está el señor Rafael Sosa, quien le da clases a los chicos y cada dos meses hace un torneo para niños y grandes. Le digo a los pibes que juegan que sigan con el ajedrez hacia adelante, y que lo muestren y enseñen las virtudes del juego.

Si un chico de 8 años le agarra la mano, al mes que aprendió le gana al maestro. Hay un chico (Juan) Paco López Ortiz que está estudiando y quiere llegar a ser maestro. Tenemos buenos ajedrecistas, como Hernán Fernández, a quien vi jugar contra Pablo Ricardi, y aunque perdió le hizo una partida de igual a igual, Iván Pesuto y su hijo –quien viene jugando muy bien–, Raúl Acosta –quien hace poco ganó en Mar del Plata un torneo de jugadores de varias provincias– y Domingo Pais. Había un señor Rubén Saibene, quien tenía pasión por el ajedrez e iba a todos los torneos. Cuando pasabas por la casa enseguida te invitaba a jugar. Sufrió un ACV, perdió la voz, no jugó más en torneos pero continuó haciéndolo en su casa con quienes lo visitábamos. A los 86 años jugaba con los nietos, y cuando falleció –a los 88 años– ellos colocaron el tablero y las piezas en el féretro. Luego le hicimos un torneo de homenaje. Tenemos un buen nivel no obstante que los mayores centros sean Buenos Aires, Córdoba, San Luis y Mendoza.

—¿Cuál es la edad ideal para iniciarse? —Desde gurí, chicos de 8 o 9 años.

—¿Dónde funciona actualmente el Círculo de Ajedrez? —En el Centro Vasco Urrundik, es muy buena gente. Los sábados hay clases para los chicos. Lo que no hemos podido lograr es una masa societaria, porque los ajedrecistas se dicen socios pero no quieren pagar una cuota.



Fuente:  12 de febrero de 2018 (UNO/Derf)








SEGUI LEYENDO



Agencia de Noticias DERF
E-mail:grupoderf@hotmail.com
Santa Fe - Santa Fe
Argentina

NAVEGACION

REDES SOCIALES

derf.com.ar | Facebook Facebook derf.com.ar | Twitter Twitter derf.com.ar | Google Plus Google Plus derf.com.ar | Instagram Instagram
Diseño sitios WEB
Copyright ©2018 todos los derechos reservados
Diseño Web Grandi y Asociados